FYI - 04

MENTAL

Eduardo Acosta

4/26/20263 min read

Arquitectura, México y política (actual).

Esto no es una postura, ni opinión, es un ejercicio para explorar lo siguiente: ¿Es posible saber la inclinación política de un arquitecto a través de su obra? Puede parecer exagerado, pero creo tener un “norte” para conectar 2 puntos: Arquitectura y política.

Repito, es un ejercicio para explorar la idea y con un poco de suerte, aprender sobre diseño.

Primera capa, la idea:

Una persona a temprana edad empieza a desarrollar más uno de los dos hemisferios del cerebro: el derecho o el izquierdo.

El hemisferio izquierdo: basado en la realidad, simbólico, secuencial, temporal, abstracto, lineal, lógico.

El hemisferio derecho: no verbal, fantasioso, creatividad, emociones y sentimientos, intuitivo, atemporal.

En la arquitectura existen dos caminos, quien ejecuta a puro “feeling”, y quien ejecuta con base a reglas. (Suponiendo que en ambos escenarios, se conoce la teoría).

Ahora, aquel que tiene más desarrollado el hemisferio izquierdo, suele producir una obra sobria, simétrica, y de ritmo repetitivo, sin arriesgar.

Quien se dirige por el hemisferio derecho, tiende a la experimentación de volúmenes, mayor uso de texturas, espacios asimétricos y no tiene fijación por lo ortogonal.

… No pudiera ser tan sencillo mi ejercicio para detenerme en que: quien diseña ortogonal y alineado, se inclina políticamente con la política de derecha (hemisferio izquierdo), y, quien diseña libre y sin trama, se inclina políticamente a la izquierda (hemisferio derecho). Continúo…

Segunda capa, la pregunta:

¿La política en México se ha sintetizado al punto de pulverizar cualquier “ornamento” que no manipule directamente los hemisferios del cerebro? Como en la arquitectura, parece que se busca destruir cualquier elemento decorativo que no sirva para una reacción inmediata.

La política de izquierda: pulveriza todo lo que no sea una manipulación directa a las emociones.

La política de derecha: pulveriza todo lo que no sean “hechos” y graficas polarizantes.

Entonces, ¿qué sentido tiene?, si la propaganda de un gobierno no da espacio al razonamiento, va dirigida directamente al hemisferio más “desarrollado” del ciudadano, no importa el mensaje, siempre y cuando produzca una emoción.

Tercer capa, el ejercicio:

Hagamos esto, imagina que vas en un avión, 50% de los pasajeros entran en caos y el otro 50% se mantiene en calma, te asomas por la ventanilla y ves que hacen falta 2 turbinas.

Sin embargo, el piloto y su azafata mencionan con total serenidad, que es común, que no hay por qué alarmarse y que el avión llegará a su destino prometido.

¿Puedes mantener la calma a pesar de lo que estás viendo? y, ¿confiando ciegamente en la ligereza de emoción de la tripulación? (Hemisferio derecho).

¿ Ó, la evidencia física de la estructura ausente anula cualquier discurso, poniéndote en un estado de precaución? (Hemisferio izquierdo).

Para algunos, la sonrisa imperturbable de la azafata es suficiente para ignorar el vacío en el ala. Para otros, no importa cuánta calma proyecte el piloto, sin turbinas no hay vuelo.

Recopilando

Yo, Eduardo Acosta, ¿pudiera saber a través de una obra arquitectónica... si a quien la diseñó le aterra perder una turbina a medio vuelo? Absolutamente no, y absolutamente no me interesa, ni su inclinación política por sí sola.

Pero este ejercicio, invita a analizar los grandes arquitectos de la historia y aprender de ellos, cómo pueden hacer una obra completamente racionalista, utilizando el hemisferio izquierdo, con una estructura impecable, elementos equidistantes, sin ornamentación, espacios simétricos y uniformes, para luego… romper tooooda sobriedad con la experimentación de: sombras, tonos y vegetación.

Este ejercicio me hace entender que la política sofoca todo espacio para oxigenar una idea, sí los funcionarios atacan directo a los hemisferios, anulan la comunicación entre dos tipos diferentes de pensamiento. Pero, a la hora de diseñar, este ejercicio de análisis sobre el semillero donde se gestan las ideas, sirve para aprender de aquellos arquitectos que dominan ambos lados de su cerebro:

Mezclando ambos métodos de pensamiento, para alcanzar un resultado mayor donde cohabitar.